amanece que no es poco crítica

Amanece, que no es poco (1989): en un lugar de Albacete, de cuyo nombre no quiero acordarme

Decía David Hume que el conocimiento humano no puede predecir los acontecimientos, lo que se ejemplifica en ese mítico ejemplo de la clase de filosofía de que, así, no se puede saber si va a amanecer mañana. Nada nos asegura que el sol vaya a levantarse por el horizonte con su rutilante figura mañana, que haya pasado siempre no significa que se pueda dar algún fenómeno que cambie el resultado final o que se pueda predecir este. No es de extrañar que no es poca cosa que amanezca.

  • Género: Humor, Humor Absurdo.
  • Director: José Luis Cuerda.
  • Reparto: José Sazatornil, Antonio Resines y Luis Ciges.

Crítica de Amanece, que no es poco (1989)

Alerta spoiler: si no has visto la película Amanece, que no es poco, puedes tragarte algún spoiler a continuación.

Es impresionante ver cómo las comedias o el absurdo que muchas veces se hace presente en ella, como es este caso, refleja fielmente las realidades de la no ficción, y con el añadido de causar risa y carcajadas. Qué mejor chiste sobre la insatisfacción sexual de las mujeres,  que la esposa del médico tenga un orgasmo rondando la cincuentena con un paciente del marido y que dé a luz a gemelos a los diez minutos. Descacharrante.

Dos acontecimientos inician la trama de la película, si se puede llamar de esta forma a la rocambolesca historia del filme. Uno es la llegada a un pueblo de la sierra de Albacete de un profesor universitario de ingeniería en la Universidad de Oklahoma en año sabático junto con su esperpéntico padre, y por otro el retorno de su viaje a la capital del alcalde con una portentosa mujer. Todo esto va desencadenando incomprensiblemente una sucesión de disparates de lo más entretenido que hacen mezcla del peculiar día a día de la localidad y de las tensiones resultantes de estos dos hechos. 

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Y es que el filme no deja de ser sino una serie de escenas humorísticas sin sentido sobre el municipio albaceteño con las que se va retratando a la extraña demografía del pueblo: el negro catecúmeno, el labrador racista y amante de las calabazas, el niño sonámbulo, el guardia civil literato, el borracho desdoblado… En ocasiones, creo que el chiste de la situación tiene una explicación de trasfondo. Un ejemplo es la excesiva influencia de la Iglesia vista en la audiencia de las misas, que son diarias por otra parte. O en los poderes premonitorios de este. Pero creo también que es buscar tres pies al gato y la broma se encuentra a menudo en lo inexplicable de la situación, pero la cercanía a la realidad rural e histórica. 

No veo un trasfondo lógico para los educados belgas, nada más lejos que evidenciar la fama de los pueblos norteños europeos sobre su urbanidad. Las chanzas más graciosas para mí son las canciones, las elecciones y esa imbricación entre poderes. Todas las canciones son geniales, desde la del profesor sobre el corazón y los ríos de Europa hasta las trovadorescas de los campesinos. Las elecciones son una burla en sí misma del caciquismo y de las democracias en los espacios rurales. Y todo lo que las rodean… Es maravilloso. Desde el flashback obligatorio hasta los cargos de puta, tonto del pueblo o la Guardia Civil. Dos frases icónicas las ejemplifican:

“En resumen, hemos ganado los de siempre.”

“¡Señor alcalde, que todos somos contingentes, pero usted es necesario!”

Crítica de las esferas del poder

También me hace mucha gracia ese diálogo constante entre los poderes. Que el guardia civil confiese a los detenidos o que el cura comience rogativas con las elecciones. Me parece una crítica muy sutil y cómica a cómo las distintas esferas del poder se ayudan unas a otras para mantenerse. Un aspecto que embadurna todo es el rico léxico que usa todo el mundo, y que subraya lo extraordinario de la cinta. Y me dejo en el tintero muchas escenas ya míticas como los hombres que brotan o la educación sexual que dan los guardias civiles, pero es que es imposible comentarlo todo. 

Reparto

Por supuesto el reparto realiza un excelso trabajo, con una seriedad desternillante, cada uno hablando de lo suyo. Destaca un hilarante José Sazatornil como guardia civil y un Cassen magnífico como cura. Pero no es un reparto de protagonistas y secundarios, sino que es más bien un canto coral con el que no sobresale especialmente ninguno, pero que emite una melodía de lo más deliciosa. 

Los actores son variados y muchos eran en ese momento o llegarán a ser caras míticas del cine español: el propio Sazatornil o Cassen, pero también Luis Ciges, Enrique San Francisco o Pastora Vega. Por cierto, por qué Ciges lleva a partir de cierto momento un cerdo es de esas cosas que me maravillan del filme.

Ese fantástico final, pegando tiros al sol. Espléndido. Parece que en el pueblo son fanáticos de William Faulkner, no de Hume.

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