Imagen del Hotel Cecil, lugar clave del true crime de Netflix "Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil", sobre la desaparición de Elisa Lam.

Crítica del true crime de Netflix: Desaparición en el Hotel Cecil

El Hotel Cecil ya era conocido en Los Ángeles por albergar a violadores, delincuentes y servir de domicilio para las clases más bajas e indigentes de la ciudad; pero con la desaparición de Elisa Lam, una joven que iba a pasar unos días desconociendo el barrio peligroso en el que estaba situado el hotel, este edificio saltó a los medios y su caso conmovió al mundo (y a los “ciberinvestigadores”).

Dirigido por Joe Berlinger, creador de The Ted Bundy Tapes, vuelve a Netflix con el documental Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil (The Vanishing at the Cecil Hotel es su título original), dividido en 4 capítulos de unos 50 minutos cada uno.

En este artículo sobre el documental de true crime, además de hacer una crítica de cómo se cuenta la desaparición de Elisa Lam en el Cecil, quiero repasar sobre todo las teorías de conspiración detrás de este caso y cómo el documental se hace acopio de ellas.

Las teorías de la conspiración en Desaparición en el hotel Cecil

Alerta spoiler: si no has visto el documental Escena del crimen: Desaparición en el hotel Cecil, ve a verlo y vuelve por aquí para leer la crítica. Si lo has visto, ¡cuéntanos qué te ha parecido en los comentarios!

El documental por sí solo intenta que le des bastante importancia a las teorías de la conspiración (no podrían faltar en un true crime), especialmente con una película grabada 10 años antes en Japón, Dark water, que dicen que guarda especial relación con la historia de Elisa Lam. ¿Acaso no hay películas en el cine con las que podríamos identificarnos y pensar que podrían estar inspiradas en nuestra vida? Tenemos horas y horas de largometrajes para aburrir, no sería muy difícil encontrar uno similar a nuestra historia.

Otro ejemplo de conspiración absurda que aparece también en el tercer capítulo de esta miniserie policíaca de investigación es el brote de tuberculosis posterior a la muerte de Elisa Lam. Por lo visto, para intentar frenar este brote las pruebas que realizaban a las personas acogieron el nombre de “LAM-ELISA”. Pero ¿qué conexión va a guardar una enfermedad contagiosa con un asesinato?

Los ciberinvestigadores decían que había conspiraciones del Gobierno por si Lam trabajaba en los servicios de inteligencia, pertenecía a un grupo terrorista o era una especie de arma biológica para infectar a los indigentes de Spin Road y reducir su número (suena a discurso negacionista que afirma la creación de la COVID-19 para reducir la población). Claro, así que la mataron para que no hablara ni contara lo que estaban haciendo con ella, todo muy razonable.

También la tienda The Last Bookstore, donde habían visto supuestamente a Elisa, tiene un papel en esta historia por parte de los conspiradores: si buscabas los datos del propietario de la web y los introducías en Google Maps, te indicaba el cementerio donde estaba enterrada la víctima. Mucho tiempo dedicado a estas cosas veo aquí, y sobre todo mucha imaginación.

La figura del Hotel Cecil

Pero por encima de todo, el documental es una vuelta y revuelta al Hotel Cecil, que ha albergado asesinatos, violaciones, peleas, suicidios y otros sucesos. No es de extrañar si está en medio de un barrio creado para, como dicen quienes intervienen en el true crime de Netflix, literalmente soltar a los criminales que salían de prisión.

También un hotel que ofrecía una especie de servicio a la comunidad, destinando parte de sus habitaciones a personas sin hogar, que pagaban un barato precio por pasar allí la noche, en un cuarto sucio y dejado que se convertía, para muchos, en su casa durante años.

El hotel Cecil no está encantado, no hay ninguna fuerza maligna que atrae a los malos actos o a las víctimas, simplemente su ubicación, su destino y sus bajas tarifas durante décadas derivó en que delincuentes y violadores acudieran a ese lugar para cometer sus crímenes. Solo hay que pensar que no todo el hotel poseía cámaras y que ni siquiera disponía de una seguridad eficiente a pesar de todo lo que había ocurrido anteriormente.

La muerte de Elisa Lam será todo lo misteriosa que quieras pensar, pero ningún espíritu la ha impulsado a suicidarse ni a hacer movimientos raros en un vídeo de ascensor, que según afirman en el propio documental, parece que cortaron por mantener la seguridad en la investigación del caso. Por favor…

Conclusión

Si te gustan los true crime, el capítulo 1 y 2 de “Desaparición en el Hotel Cecil” pueden pasar, pero termina siendo pesado que mencionen este hotel como una fuerza maligna o que los ciberinvestigadores estuvieran muy preocupados por saber qué le ocurrió a Elisa Lam. Es interesante que descubrieran los dígitos cortados del vídeo, el pie que aparece en una esquina o los detalles sobre la alarma de la azotea del hotel, pero 4 capítulos es demasiado.

Podrían haberlo reducido a bastante menos tiempo y haber resumido cada uno de los temas (conspiraciones incluidas). Lo más emocionante ha sido ver la parte final de Morbid, el músico de death metal que creyeron que había matado a la víctima protagonista de esta historia porque decía “China” y “muerte en el agua” en sus canciones. No obstante, como dice el cantante, los ciberinvestigadores arruinaron su vida y su intimidad.

Esa es la única reflexión que aporta el documental, que dejarte llevar por historias sensacionalistas y morbosas puede cambiar la vida de una persona a la que acusas porque te apetece alimentar la conspiración o publicar algún vídeo en YouTube.

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