Escena de la película La reina de África, con Humphrey Bogart y Katharine Hepburn.

La Reina de África: en este barco a motor, cruzamos África, señor

Datos de la película

Género: Aventura, Romance y Bélico.

Director: John Huston.

Reparto: Humphrey Bogart, Katharine Hepburn y Robert Morley.

Año de estreno: 1951.

 

Podéis ver el tráiler de La Reina de África aquí:

 

Crítica de La Reina de África

Alerta spoiler: si no has visto la película, ve a verla y vuelve por aquí para leer la crítica. Si la has visto, ¡cuéntanos qué te ha parecido en los comentarios y si estás de acuerdo!

Esta película recoge a dos grandes actores como Humphrey Bogart y Katharine Hepburn en una obra de tratamiento casi teatral con un escenario limitado al barco que da nombre al filme. Rodada por el mítico John Huston, este filme está plagado de las anécdotas más curiosas como la caza de un elefante por el director o la intoxicación con el agua africana que expuso a todo el equipo a la enfermedad excepto, por supuesto, a los alcohólicos de Bogart y Huston que consiguieron con su afición por la bebida, salvarse de las vomitonas. Tanto dan de sí que Clint Eastwood realizó Cazador Blanco, Corazón Negro sobre el rodaje de la película de esta reseña.

Filmada entre Uganda, República Democrática del Congo y Reino Unido, aunque en los créditos solo se especifican los estudios ingleses acompañados por África, así en general, como localizaciones de rodaje. Sometidos a unas durísimas condiciones el equipo logró filmar esta historia de amor en tiempos de la I Guerra Mundial.

Rose Sayer, hermana de un reverendo de una iglesia metodista en el continente, sufre primeramente las consecuencias directas del conflicto en Europa con la destrucción del templo y de su poblado lo que la obliga a huir con Charles Allnut. Este es un capitán de barco experimentado en la navegación de los lagos y ríos africanos, pero que sufre de un notable alcoholismo. La curiosa pareja se enfrentará a los peligros del continente… para derribar un barco.

La base de la trama y el motivo por la que avanza es el Luisa, un barco alemán que bloquea el lago desde donde los ingleses podrían conquistar (ups) o liberar el África Alemana. El personaje de Hepburn, tras vivir una desgracia como ver arrasado el pueblo donde vivía varios años, se cree que la guerra es el enfrentamiento entre buenos (entiéndase los ingleses, que son la cultura que más ha aportado al panorama internacional liberando a pueblos del yugo de su libertad en un glorioso imperio) y malos (como los alemanes, esos seres aberrantes de mente cuadriculada y carácter iracundo cuyo afán por la tiranía y la perversión es tal que, sin ser nazis, como si lo fueran).

Así que decide, aun estando desamparada y sin nadie en el mundo, destruir un barco germano. Es gracioso como Bogart se queda impresionado por tal idea, como es normal, y le insiste en la prudente opción de vivir tranquilamente en un barco con víveres para varios meses. En un paréntesis, cabe destacar los bellos coros con los que deleitan al espectador los cánticos de los africanos asistentes a la misa del principio del filme: digno de grabación de discográfica. Hay que mencionar la cura máxima para el alcoholismo: tirar el alcohol. Bogart no demuestra síntomas de su adicción, sino que se muestra agradecido y curado.

Tal vez motivada por un quiebre mental grave, Sayer decide tomar parte activa de un conflicto internacional alambicado que no se va a solucionar por la destrucción de un barco, por muy alemán y perverso que sea. Bajo esa justificación, capitán y dama afrontarán una serie de obstáculos como las sinuosas curvas de los ríos, los peligrosos rápidos o las cataratas vertiginosas.

La mayoría de las veces los superarán milagrosamente, gracias en gran parte de la maña de Charlie con las chapuzas instigado por Rosie que con su “Venga, que puedes”, le convence. Y aunque es ingeniosa la manera en la que se solucionan, a veces resulta demasiado conveniente o sencilla. ¿Se rompe la hélice del barco? Fabricamos una con herrería básica en plena jungla y submarinismo; menos mal que le enseñó su padre unas nociones básicas, pero me gusta pensar que es un hombre apañado y de recursos que se ha acostumbrado a esas complicaciones derivadas de navegar por aguas turbulentas.

Cierto es que su misión parece estar guiada por la divina providencia que ciega con el sol a los disparadores y hace funcionar el improvisado torpedo justo en el momento del ahorcamiento. Hágase dijo el señor guionista y así lo hizo, al ver que esto cuadraba con la trama y rellenaba la historia para la supervivencia de los protagonistas vio que era algo bueno. Muy gracioso también la gran habilidad de la señora con el barco que lo maneja de manera genial en cuestión de nada, lo que me anima a apuntarme al puesto de capitán de cruce porque no parece muy difícil.

Lo que importa al público es la evolución de los personajes, cómo estos cambian y no se parecen a los individuos iniciales; y de una forma entretenida, por supuesto. Uno pensaría que la travesía haría a la extraña pareja comprenderse, hacer de ellos unos compañeros amistosos que se entienden mutuamente, aunque no del todo y que han vivido vidas muy distintas. Surge el amor, de forma inesperada y poco creíble. Un amor de actores que se demuestran con apelativos cariñosos y… pues eso, apelativos que son la mejor forma de demostrar afecto. Ni los besos, ni los arrumacos. Los apelativos y un cariño de vez en cuando. Las escenas realmente buenas son las discusiones, en las que finalmente llegan a ponerse de acuerdo.

Y ese final a nado con la empalagosa boda, ya pilla con un cansancio que ni voy a cuestionar cómo van a salir a nado de un enorme lago repleto de soldados enemigos para luego ir a pie a Inglaterra, supongo.

 

Conclusión

A final de cuentas, se trata de una película de domingo sobre romance en un paisaje curioso y un fin un poco rocambolesco con el explicar las escenas de acción y la propia película. No es el mejor trabajo ni de Bogart, ni de Hepburn, ni de Huston; en una sucesión de tópicos que, a pesar de estar bien usados, no dejan de dar la sensación de ser otro ejemplo de película romántica con una muy buena oportunidad desaprovechada de investigar en la relación entre dos personas en un comienzo muy opuestas.

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