El sentido de la vida, de los Monty Python

El sentido de la vida (1983)

La filosofía es el conjunto de reflexiones sobre la esencia, causa y efectos de las cosas, con especial hincapié en el ser humano y el universo. Es una disciplina del pensamiento humano que manifiesta uno de los sentimientos más propios y característicos de nuestra especie, el buscar un sentido al mundo que nos rodea y a nosotros mismos, como individuos, como sociedad o como simples seres conscientes. Así, una de las características definitorias del Homo sapiens es que sabe, que es sensible y se pregunta. La curiosidad innata a la humanidad es lo que ha permitido sus logros únicos sobre el resto de los animales, pero también ha llevado al cuestionamiento continuo de la realidad. Una sensibilidad preguntona que amarga y atormenta porque muchas veces nos vemos incapaces de hallar estas respuestas. Eso se llama encontrar el sentido de la vida.

Parece mentira que se vaya a hablar de una comedia detrás de esta parrafada tan aburrida, pero ahí se halla parte de la belleza de esta película en particular y de los Monty Python en general.

  • Género: comedia negra, comedia absurda, musical, sátira, película de culto.
  • Director: Terry Jones.
  • Reparto: Graham Chapman, John Cleese, Terry Gilliam, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin.

Sobre los Monty Python

La pitón Monty es un grupo cómico británico de gran éxito por su acidez de crítica social inglesa y el absurdo de sus bromas. Durante los setenta fueron seguramente uno de los equipos bufonescos de más éxito. Sus primeros pasos los dieron con la serie de Monty Python´s Flying Circus, que está en Netflix y que recomiendo encarecidamente verla, porque los años no pasan por ella y porque sigue siendo graciosísima a pesar de tener ya la friolera de cincuenta y dos años, pero luego continuarían con tres cintas que son joyas del humor y que veo cada vez que las echan en algún canal. 😂

Crítica de El sentido de la vida

Alerta spoiler: si no has visto la película El sentido de la vida, puedes tragarte algún spoiler a continuación.

Tras visitar la Edad Media y los tiempos bíblicos del Nuevo Testamento, los británicos serpentinos se trasladan en forma de pez a un acuario de un restaurante, y mientras nadan en círculos en su aguadero, ven a su amigo Howard como un delicioso plato de caro restaurante. Esto los lleva a preguntarse por qué estamos aquí, en qué consiste la vida, si Dios realmente existe o existe alguna duda.

El filme está dividido en partes, como la vida misma: nacimiento, crecimiento y educación, mediana edad, los años del otoño y muerte. Partes interrumpidas con interludios cómicos que presentan y anuncian la mitad de la película, tan típicos del estilo anárquico y surrealista de los Beatles del humor. El principal fallo que tiene la película es precisamente su estructura desorganizada, con un hilo conductor tan débil como es el sentido de la vida, que, aunque en todo momento todo sketch es capaz de otorgar una visión filosófica sobre esta, es cierto que puede abarcar cualquier tema o personaje de creación humana. Si se fuerzan los parámetros hasta una saga de coches rápidos y furiosos va sobre el sentido de la vida. Este fue uno de los motivos que llevó finalmente a la disolución del grupo: la incapacidad o la indecisión para conseguir crear un personaje central capacitado para centralizar y protagonizar, de forma que las escenas tuvieran un punto de unión. Este logro ya lo habían conseguido en la genial Los Caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores y en la inmortal La Vida de Brian. Por eso en mi opinión palidece ante sus hermanas mayores, que seguían respectivamente las aventuras del Rey Arturo y de Brian Cohen.

Así, aun siendo una muy buena película con una infinidad de momentos memorables y graciosos, que es lo que una película cómica siempre debe hacer, son solo eso: episodios hilados con un fino hilo argumental. Lo mejor es que igual que es difícil explicar en qué consiste la película, es complicado explicar la parpadeante trama de los Monty Python. Muchos de estos sketches se encuentran dentro de cada episodio, pero no hay mayor interrelación más allá de eso. Además, después de las fortísimas parodias críticas de los británicos hacia pilares de la sociedad inglesa, como es el mito fundacional de su nacionalismo en la leyenda artúrica o en el cristianismo, esta se siente más diluida y por tanto con menos sabor.

Esto no quiere decir que la película baje en su nivel de acidez hacia la sociedad inglesa. Se ataca a todo y a todos sin distinción, señalando los absurdos del Reino Unido en particular y del mundo en general. Desde la apatía de los médicos hacia sus pacientes hasta la vida social sin sentido y construida hacia el exterior de la burguesía (porque hacer mal un pastel de salmón supone la muerte social y hasta la existencial). 

Sin embargo, pese a las desventajas que la diferencian de anteriores creaciones destaca en un aspecto que, al menos para mí, hace que cada vez que vea esta película la tenga varios días en mi cabeza. La gran labor de Idle en las canciones es notable y sobresaliente, con un humor que oscila entre el infantil (la canción del pene es tan estúpida que siempre me despierta una sonrisa) y el más científico y nihilista con la canción galáctica más pegadiza. Estas, junto con la sacralidad del esperma, son canciones que, pese a ser menos populares que la célebre Mira el lado positivo de la vida, son sin duda iguales en calidad y comparten todas esa ironía y ese acercamiento absurdo sobre la existencia que tienen los comediantes británicos. Sumado a esto, debo decir que todavía recuerdo las historietas gráficas de Gilliam, hechas con inteligencia y un humor difícilmente explicable como el de la hoja suicida, en la que se demuestra otra vez el pensamiento sulfúrico hacia la vida de los Monty Python.

Y ese final. ¿Qué más puede decir sobre el sentido de la vida que ver a todos los personajes de la película muertos en el cielo celebrando la Navidad, que es todos los días allí? Puff, te juro que sigo canturreando…

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