Escena de la película 1984.

1984: represión de los pensamientos a la fuerza

Datos de la película y reparto

1984 es una película basada en la obra distópica del mismo nombre (Nineteen Eighty-Four en inglés) del escritor George Orwell, que curiosamente fue grabada y estrenada en dicho año (el libro se publicó en 1949).

Su director es Michael Radford y en el elenco destacan los actores John Hurt como Winston Smith, Richard Burton como O’Brien y Suzanna Hamilton como Julia.

Resumen

Oceanía es un lugar en el que se desarrolla un sistema totalitario y dictatorial gobernado por el Gran Hermano, una figura que dicta a los ciudadanos cómo tienen que comportarse y, sobre todo, controla lo que tienen que pensar. Winston habita en este territorio que se encuentra en una guerra constante, unas veces contra Eurasia y otras contra Asia oriental.

El protagonista es miembro del Partido Exterior (hay un único partido, Partido Único o Socing, cuyos integrantes se dividen en Partido Interior y el mencionado), una especie de clase media en la sociedad de esta superpotencia ficticia. Para identificarlos, utilizan un mono azul como vestimenta. Su falta de libertad en cuanto a actividades y reflexión, es latente, a diferencia de los integrantes del Partido Interior, que cuentan con mejores alimentos y lujos; y los proles, la clase más baja de Oceanía, despreciada por las altas esferas.

Winston Smith se ocupa de una de las tareas del Ministerio de la Verdad: supervisar las noticias que han sido publicadas en el pasado y modificarlas para que coincidan con lo que el gobierno dicta en el presente, una forma de borrar la historia.

El control de los ciudadanos es absoluto: reciben una vigilancia constante mediante una pantalla que también dicta lo que tienen que hacer, junto a otros mensajes y lemas defendidos por el Gran Hermano, como el famoso:

“La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza”.

En el transcurso de sus días, Winston tomará un escondido y disimulado contacto con Julia, otra trabajadora de su ministerio con quien hablará en secreto, ya que ese tipo de relaciones están totalmente prohibidas para las personas pertenecientes al Partido Interior.

Crítica de la película 1984

Alerta spoiler: si no has visto la película 1984, ve a verla y vuelve por aquí para leer la crítica. Si la has visto, ¡cuéntanos qué te ha parecido en los comentarios y si estás de acuerdo!

La película basada en la obra de George Orwell invita precisamente a hacer lo que está prohibido en su trama: reflexionar. Durante el largometraje se nos presenta una sociedad controlada, sin aspiraciones y con ningún ápice de cariño (las relaciones permitidas son las que el partido establece, quedando el amor como un crimen).

No es solo la falta de permisión en cuanto a libertad de movimientos, reunión o actividades, sino la erradicación total de cualquier pensamiento ajeno a la devoción del partido y su líder, el Gran Hermano. Toda reflexión que se salga de sus directrices se considera crimental, en neolengua, la lengua oficial que está implantándose para reducir al máximo el vocabulario de la ciudadanía, y hacer crecer así su ignorancia.

Te preguntarás cómo controlan los pensamientos, ya que solo nosotras/os podemos acceder a ellos y no se escuchan en voz alta, naturalmente. La encargada de descubrirlos es la denominada Policía del Pensamiento, que ejerce una vigilancia omnipresente sobre todos los miembros externos del partido observando sus reacciones a la hora de ver un vídeo, gritar las consignas de apoyo al sistema o insultando a los traidores de la nación. Una sola desviación de la mirada o un ligero parpadeo en medio del fanatismo será suficiente para considerar que no eres fiel al partido y que, por tanto, has cometido un crimen.

Cuando descubrimos que a pesar del exceso de propaganda, manipulación y miedo difundido por el aparato del sistema Winston comienza a dudar sobre sus recuerdos o qué es lo que piensa realmente, es el momento en el que somos conscientes de la falta de libertad de expresión y pensamiento de los ciudadanos. El protagonista tiene algunas visiones sobre su infancia que al parecer ha olvidado, fruto de la obligación a pensar solo en lo que dicta el estado (doblepensar).

Es entonces cuando se percata de Julia, una mujer que, como él, es miembro del Partido Interior y, por tanto, es parte de la burocracia del partido. Ciertos gestos y miradas hacen plantearse a Winston que Julia no comulga con las directrices marcadas y que, como le está ocurriendo a él, empieza a mostrar rechazo hacia lo que le rodea.

Cuando consiguen comunicarse mediante una nota de papel, la relación entre ambos les muestra por primera vez algo de libertad, de cómo sería vivir sin esa vigilancia. Tras sus primeros encuentros en medio del bosque, Smith encuentra un pequeño escondite donde pueden verse sin que la Policía del Pensamiento les descubra: una tienda situada en los barrios del proletariado, donde el partido apenas ejerce control, pues son considerados desechos humanos (con frecuencia vemos los bombardeos repentinos sobre sus casas).

Al mismo tiempo, parece ser que uno de los integrantes de la cúpula del partido es miembro de la “resistencia”, de la que se conoce poco y se supone que existe. Este personaje entabla una discreta relación con nuestro protagonista, haciéndole creer que podría pertenecer a una organización clandestina cuyo objetivo final es tumbar al sistema.

Pero, como vemos en ese pequeño nido de encuentro entre la pareja de la historia, nada más lejos de la realidad, el supuesto amigo termina siendo uno de los represores de la Policía del Pensamiento, por lo que Julia y Winston acaban arrestados y sometidos a tortura en el Ministerio del Amor (una falsa metáfora para referirse a la guerra). ¿Os suena la Habitación 101, ¿verdad?

¿Mejor el libro o la película?

Es cierto que 1984, la película, termina siendo incompleta a la hora de seguir el funcionamiento del sistema y los entramados de cada una de sus partes. En este sentido, el libro de Orwell nos explica con detenimiento todos los estratos de la sociedad, la perseverancia para imponer las directrices del Gran Hermano y las técnicas usadas para conseguirlo, como la neolengua. Sin duda, es una obra que recomiendo leer, ya que la película se queda muy corta para la magnitud de la novela.

De hecho, el sufrimiento del protagonista respecto al amor que siente por Julia y el desprecio al líder, apenas se deja ver entre escena y escena del largometraje. Entendemos que quiere luchar por esa relación que han conseguido a pesar de las dificultades, pero a pesar de que se nos muestra con bastante detalle las vejaciones a las que le someten, no sentimos lo mismo que al leer el libro (si lo has leído, me entenderás).

Finalmente asistimos a un triste final en el que Julia y Winston han sido despojados hasta de la mínima emoción que llegaron a sentir. Esa escena en la que mantienen una breve conversación donde ya no les da miedo mirarse por temor a las consecuencias, justamente porque saben que ya no sienten nada.

Conclusión

El Gran Hermano consigue ganar a algo tan difícil de vencer como son los sentimientos, y los torturadores que aparecen en 1984 se encargan de dejarlo claro: cuando se deja de aceptar la verdad y las emociones, ¿qué puede quedar?

El Partido Único consigue así su objetivo: que el único amor restante sea el amor hacia el líder, y que todo lo que diga sea considerado como la verdad sin ningún cuestionamiento: 2+2=5.

Lo impactante de esta historia es el respeto que el estado se gana con sus acciones: Winston sabe que morirá tras haber pasado una completa agonía durante meses, pero el Gran Hermano ha logrado, con una persona más, que el único afecto que pueda tener sea el suyo.

 

Podéis ver la película completa de 1984 en Filmin.

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