La Odisea (The Odyssey) es una película dirigida, escrita y producida por Christopher Nolan en 2026. La película está inspirada en el famoso poema griego de Homero, narrando el peligroso viaje de Odiseo, rey de Ítaca, después de la guerra de Troya hasta su hogar, donde lo esperan su esposa Penélope y su hijo Telémaco.
- Género: acción.
- Director: Christopher Nolan.
- Reparto: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o, Zendaya, Charlize Theron, John Leguizamo, Bill Irwin, John Bernthal, Samantha Morton, Benny Safdie y Elliot Page.
Mi opinión sobre el director Christopher Nolan
No si será verdad, pero quiero recordar que en algún medio de cuyo nombre no puedo acordarme Chistopher Nolan situaba a la Odisea como uno de sus libros favoritos ya de niño; y que esa historia épica le había influenciado de alguna forma de encaminar su carrera profesional hacia el cine tan grandioso al que nos tiene acostumbrados.
Sin ser uno de sus más fieles fanáticos, Nolan siempre ha sido un director que me ha gustado. Primero con su trilogía sobre Batman, luego con Origen, sería con El Truco Final la película que me convencería de las habilidades fílmicas del director británico. Le pese a quien le pese, Nolan ha adquirido una pátina de “gran director” en un punto más o menos temprano de su profesión. ¿Cuántos afamados directores han conseguido ese deseado estatus ya fallecidos o cuando contaban varias décadas retirados? Sin importar sus muchos exagerados censores, Nolan ha obtenido una doble posición como director respetado y alabado por la crítica y como imán de masas. Se me ocurren pocos directores, o directamente actores o personalidades de la industria, que sean capaces de atraer a tantos espectadores a las salas.
Si bien es cierto que para conseguir esta codiciada condición ha tenido que sacrificar algunos aspectos de su filmografía, que se ha ido volviendo más grandilocuente que compleja a medida que pasan los años, cada vez que saca una nueva cinta todo tipo de personas se aglomeran en el cine más cercano para verla. Es un cine de concepto, de visionado; más que de contenido y discusión. Tal vez por eso, sea exitoso. Son filmes lo suficientemente serios y bien grabados como para que tu cuñado se las dé de cinéfilo, pero lo bastante accesibles para que alguien más o menos ajeno a este arte las valoren. Y como en el punto medio está la virtud, Nolan se le pinta de virtuoso.
Una vez que has revisionado algunas de sus películas queda claro que o bien están sobrevaloradas o bien están cubiertas con una capa de complejidad y formalismos que no son tan opacos como parecían en un primer momento. Esto lo escribo para dejar claro mi postura, en un centro de gravedad permanente que no me deja cambiar de idea sobre las cosas y la gente. Nolan es muy buen director, pero no es el mesías cinematográfico que muchos proclaman.
La decisión de hacer la película La Odisea
Así, cuando vi por primera vez su intención de grabar una película sobre la Odisea de Homero primero me sorprendí. La recibí con iguales cantidades de ganas que de escepticismo. Nunca esperaría ver a un director tan urbano, de temas existenciales y conocido por sus películas “profundas” retomar el moribundo género del péplum.
Es cierto que Nolan suele transitar entre géneros cinematográficos con solvencia, ya se metió en la ciencia ficción espacial con Interstellar. Oppenheimer me encantó, pero remontarse a la Edad de Bronce, no como aproximación histórica sino como legendaria, me parecía un reto enorme. Más aún adaptando la Odisea, una de las obras literarias básicas de la cultura occidental. Los palos te van caer de un lado u otro.
Y le cayeron, vaya que le cayeron. Pronto surgieron controversias en estos tiempos polemistas en los que vivimos. Me empecé a preocupar. ¿Habría encontrado Nolan su propia Odisea y estaba ahora intentando llegar a su lejano hogar desde tierra enemiga? Opiniones de alabanza como de absoluto reproche se arremolinaban en torno a mí, en perjuicio de ir con alguna idea preconcebida a la sala de cine.
Pero me senté y qué maravilla. No me gustaría extenderme, aunque luego lo acabe haciendo, en una ristra de elogios para la cinta porque siempre que veo un filme en la gran pantalla me acaba gustando. Muy mal tiene que estar la cosa para que no me guste una película proyectada en una pantalla gigante, a oscuras y con todos atentos a los diálogos e imágenes. No sé, es una burbuja que inmediatamente me hace valorar mejor casi cualquier cosa.
Pero, como solo la he visto una vez y fue en el cine de mi ciudad, que dista mucho de ser el sitio para el que pensó Nolan que sería exhibida su obra por cierto, voy a aventurarme en el mar a ver dónde acabo.
Resumen y explicación de La odisea
La película tiene una estructura llena de analepsis, alejándose de la linealidad. Aunque Nolan es conocido por su gusto por este tipo de recursos, ya sabéis, de esos que parecen complicar con refinamiento pero que realmente es solo una técnica igual que otras, y, a pesar de que puede costar en un principio atar los cabos del argumento, enseguida se asienta y despliega las velas de regreso a Ítaca. Si estáis familiarizados con alguna de las mil y una versiones del texto homérico, no os va a costar, pero, oye, puede ser que no.
Durante estos primeros compases, la cinta nos muestra los estragos de la ausencia de Odiseo en Ítaca: los usurpadores se aproximan peligrosamente al trono, su esposa Penélope (Anne Hathaway) está cada vez más desesperada y su hijo Telémaco (Tom Holland) esta sobrepasado y tiene más ganas que capacidad de arreglar las cosas. Los que una vez conocieron al héroe de Troya están viejos y cansados, solo sostenidos por la esperanza de volver a ver a sur querido rey. Parecen testimonios de un tiempo olvidado. Solo su porquero Eumeo (John Leguizamo) y su perro Argos languidecen en los salones, fieles a su amo.
Ya hace veinte años que Odiseo está perdido y nadie sabe nada de él. Solo se oyen rumores y cantos. Otros combatientes de la guerra ya regresaron hace años, pero del astuto héroe no se sabe nada. Algún mendigo es recibido en la Corte para interrogarle, pero no son nada más que chismes.
Durante estos primeros compases, la película presenta al Odiseo del mito, aquel sobre el que se escriben los cánticos y los poemas. Un recuerdo oral entre la gente que no quiere olvidar a su héroe. De esta forma, no aparece en un primer momento. Solo es cuando el pérfido Antínoo (Robert Pattinson) habla sobre que él sí lo vio con sus propios ojos tensar su famoso arco ante el que, con una aureola de epicidad, aparece un barbudo y fornido Matt Damon. Una genialidad esperar en mostrar al protagonista y que sea con una escena tan significativa.
La situación en Ítaca es insostenible, con una inestable regencia de veinte años y los buitres ansiosos de poder amontonándose en torno al trono. Una solución sería que Telémaco, ya un joven adulto que jamás conoció a su padre, tomara el cetro y gobernara la isla, pero esa decisión supondría aceptar la muerte del añorado esposo, padre y justo señor; y tampoco es que el joven príncipe parezca tener grandes habilidades de mando.
Esto simbolizado en la película con el tensado del arco. En los buenos tiempos de antes de la guerra, Odiseo daba muestra de su maestría como arquero, no solo tensando el arco, sino probando su imposible puntería haciendo atravesar una flecha entre una hilera de hachas.
De esta forma, Telémaco decide echarse a la mar y preguntar a los compañeros de guerra de Odiseo si saben algo de él. Mientras tanto, Odiseo está tan ricamente con Calipso (Charlize Theron) en una isla perdida del Mediterráneo y apenas recuerda esbozos del hombre que una vez fue.
Un viaje épico y profundo
Y ya puedo hablar de las aventuras del héroe griego por el Mediterráneo. Por cierto, un Mediterráneo apagado y frío, tan oscuro como solo un inglés podría retratar a un mar. De igual manera pasa con las muchas islas por las que va parando Odiseo y su tripulación, todas parecen las Hébridas y ninguna las Baleares. Entiendo que es una decisión estética de Nolan, pero llama la atención adaptando un relato netamente mediterráneo. Tal vez para representar la lejanía y el desapego que siente Odiseo por un mar hostil que le niega su regreso. En el mismo sentido podría hablar de la ropa. Estamos condenados a ver unas sempiternas ropas oscuras en base a cuero cuando vemos un filme ambientado en el pasado.
No voy a entrar en el aburrido debate, reservado a académicos y tiquismiquis, sobre la historicidad de las armaduras. No, no son históricas, como casi nada de lo que se ve en la película. Y, aunque siempre defenderé que una buena historia antepone casi cualquier decisión estética, esto se puede llevar más allá cuando la cinta se basa en una leyenda, que ha pervivido porque se fue contando de boca en boca entre los bardos. Cierto es que a veces me gustaría que alguna película apostara por acercarse más al estilo real e histórico de los ropajes y armaduras porque, como nunca lo vemos, siento que sería innovador. Pero, como digo, no deja de ser parte de la resolución del director a la hora de llegar a una apariencia general.
La Guerra de Troya se ganó gracias al ingenio del rey de Ítaca, maquinador del famoso caballo. Lo que se ve a lo largo de la cinta es que, cada una de las tretas de Odiseo, tiene una consecuencia negativa entre los que lo rodean; mayormente su tripulación. Muertos es la base sobre la que el héroe erige su leyenda, en gran parte por la arrogancia del protagonista.
Un buen ejemplo es la primera parada (y primer monstruo de la feria) en la isla del cíclope Polifemo (Bill Irwin). Tras huir de la cueva del horrible gigante, Odiseo, en una muestra de orgullo, no se resiste a lanzar una flecha soberbia, así que, lo que podría haber sido una fuga limpia sin que Polifemo se percatase, se convierte en una carrera por la supervivencia. Lamento en parte que el director haya determinado prescindir de una de las troleadas más épicas yo diría que de la mitología. Aquella de cuando Odiseo dice llamarse nadie, y cuando el cíclope sale herido de su cueva grita: «¡Nadie me ha cegado! ¡Nadie me ha cegado!».
Sin embargo, ese engaño no cuadraría dentro de la visión más “seria y realista” de Nolan. Cuando ciegan al monstruo, este grita Poseidón, llamando a su padre. Los soldados griegos se sorprenden de que sea capaz de hablar, a lo que Odiseo apunta inteligentemente: “¿Hablas tú con las hormigas?”. Con esta conversación, el director señala el rumbo que va a seguir una historia de dioses y monstruos, centrándose en los humanos y mostrando la divinidad como algo lejano y sobrenatural; difícil de entender. Mucha gente no entendió el papel de Atenea (Zendaya), pero va en esta línea.

Por lo tanto, muchas de las criaturas, que podrían ser recreadas con efectos especiales, solo son intuidas; como las sirenas o Escila. Aparecen más los efectos que dejan estos engendros, que las propias bestias, lo que permite darle al filme una historia más pensativa y reflexiva que un catálogo de adefesios.
No obstante, me gustaría reservar un espacio para alabar los efectos especiales de la cinta, muy logrados y con una especial atención por los efectos prácticos. Sin exagerar el uso de estos, como algún sicofante de Nolan va pregonando por ahí, lo cierto es que es de destacar la obstinación del director por su uso. Estos efectos prácticos salen a relucir con el atemorizante Polifemo y con los lestrigones, que de verdad me han sorprendido. En una época en la que el cine se ha acotumbrado a utilizar la imagen generada por computadora para reproducir cualquier cosa, en la que las escenas de acción parecen hechas con yogur, me alegra sentir miedo con estos monstruos. Un miedo inquietante con el cíclope, y uno apremiante con los gigantes caníbales. Mención de honor a la transformación en cerdos por parte de Circe (Samantha Morton), que te hace apartar la mirada.
Este ambiente opresivo del que he hecho mención cobra más sentido en en viaje al Inframundo (me llama la atención que cuando Circe les dice que tienen que viajar hasta allí para retomar rumbo, Odiseo y el resto aceptan como si fuera lo más normal del mundo; pero bueno, acaban de recobrar forma humana tras ser convertidos en cerdos, por lo que es un destino asumible). Los muertos que se levantan de la tierra y que acosan a Odiseo por sus decisiones, como no enterrar dignamente a los caídos en el viaje, es una de mis parte favoritas. Además, el filme nos permite conocer al sacrificio de Sinón (Elliot Page) y la historia del regreso de Agamenón (Benny Safdie), personaje que centró el foco en los primeros anuncios de la película.
Agamenón siempre aparece imperturbable, con una presencia intimidante. Fue el comandante en jefe de las tropas invasoras de Troya, y hasta sus aliados parecen temerle. Su hermano Menelao (John Bernthal) habla de él con una mezcla de respeto y temor. No es para menos, viste una armadura oscura con una columna vertebral incrustada en su casco. Entiendo las intenciones de Nolan con el rey de Micenas, pero parece Batman en la Antigua Grecia. Quizá un poco exagerado. Agamenón, que sacrificó a su propia hija para llegar a Troya, le cuenta su historia para que le sirva como aviso a Odiseo. ¿Tal vez una posible “secuela” sobre la Orestíada?
La altanería de Odiseo es una maldición que explica todas las desventuras por las que pasan el héroe griego y su tripulación. Este personaje mitológico representa esa satisfacción humana en enfrentar la naturaleza, en doblegarla para nuestros intereses. El ser humano no puede nadar mucha distancia, pero para eso inventó el barco. El ser humano no puede volar, pero para eso inventó el avión. El ser humano no puede resistir el frío, pero para eso inventó el abrigo. Por consiguiente no será hasta que Odiseo se deje llevar y confíe en que no puede controlarlo todo, que llegará a Ítaca. Ni el más inteligente de los aqueos, los vencedores de Troya, puede imponerse a los designios de los dioses. Todo muy tragedia griega.

Más o menos en paralelo, Telémaco va a ir a visitar a uno de los otros héroes de la guerra: Menelao, rey de Esparta. Este tardó muchos años en regresar, pero lo hizo finalmente y le sorprende que Odiseo todavía esté perdido. El monarca, antiguo camarada de su padre, le cuenta a Telémaco que la guerra fue ganada por Odiseo. El ingenio del caballo de Troya fue clave para la victoria final; historia trilladísima para el joven príncipe, pero que nunca ha oído desde un testigo directo y más cercano a la realidad.
Por cierto, un caballo demasiado estético y bien construido. No me creo que los griegos construyeran ese artilugio con los restos de los barcos. Es demasiado bonito para el perfil realista que pretende Nolan en sus películas. Entiendo que, otra vez es una decisión artística, pero viendo la estética del resto de la cinta, me marca bastante. En eso, me gusta más la versión de Troya, que se toma muchas más libertades en el sentido argumental y de fidelidad al texto original, pero cuyo caballo es más feo y hecho con cachos. Más creíble para mí. Las resoluciones sobre el aspecto del caballo de Troya y la armadura de Agamenón son de las pocas críticas que le puedo hacer al filme, fijaos si me ha gustado.
La polémica de Lupita Nyong’o como Helena de Troya
Aquí tendré que hablar sobre la elección de Lupita Nyong’o como Helena de Troya, otro de los escándalos que rodearon a la película. Debo decir que la actriz de origen keniata hace una excelente labor en cada uno de sus trabajos. Y aquí es otro ejemplo, donde ejecuta el doble rol de Helena y Clitemnestra, hermanas y respectivas esposas de Menelao y Agamenón. Tampoco voy a alabar lo que es un personaje terciario en una película de tres horas, pero me pregunto por qué la polémica con Nyong’o.
¿Su color de piel? ¿Su origen africano? No, no, no. Eso no es posible porque si no se habrían desbocado el mismo número de debates al saber que el grupo protagónico son todos estadounidenses de origen inglés. No entiendo estas discusiones. Por supuesto que se puede opinar sobre el reparto de una cinta, y un actor puede no convencer por mucho que sea bueno o esté reconocido. Pero los argumentos que oigo contra una actriz ganadora del Oscar es su tono de piel, lo que es muy triste.
Aparte, me gustó mucho esta aproximación de Helena, cuyo rostro, la belleza que causó una guerra, está desfigurado tras regresar con su violento esposo. Esta Helena, a pesar de su horrible castigo, insiste en señalar los detalles más escabrosos del conflicto bélico; y no solo hablar sobre las partes épicas que cantan los bardos.
El final de la película La odisea
Por su parte, nuestro protagonista está varado en la isla de Calipso, con todos sus soldados muertos. Tras ese trauma, decide refugiarse en los brazos de la ninfa. Allí empieza a consumir flores de loto, que lo van anestesiando de la realidad hasta el punto de no saber muy bien quién es. Calipso le da la opción de quedarse y vivir con ella, lo que constituiría aceptar que nunca va a regresar a Ítaca y hacer una vida aparte de su mujer e hijo. Pero Odiseo decide al fin dejar de retar a los dioses y dejarse llevar (literalmente). El mar mágicamente lo lleva ante las costas de su hogar, decidiendo regresar y hacer frente a tantos años perdidos.
En consecuencia, el final de la película tiene a nuestro protagonista relevado a la condición de vagabundo; humillado por los propios usurpadores a su legítimo derecho como rey, por los que esquilman su amada tierra, por los que pretenden a su querida esposa, por los que rebajan a su hijo desconocido a un copero. En esta última parte, hay una serie de escenas descorazonadoras. Me llegó al alma especialmente la despedida de Argos, el imposiblemente viejo perro que es el único en reconocer a su amo tras veinte años de ausencia. Cualquiera que haya tenido un perro sabrá lo que digo.
La batalla final contra los pretendientes, con la prueba sobre el tensado del arco, es satisfactoria, aunque hubiera preferido ver un poco de sangre. Se respira auténtica desesperación por parte de los aspirantes a rey. A pesar de ello no puedo evitar pensar en lo forzado que es que uno de ellos escape y se dedique a lanzar armas a los nobles que restan en la sala del trono. Odiseo insiste en que Telémaco no intervenga porque es un asunto de él, y en lo que yo creo es intentar que su hijo corra el mínimo riesgo. Pero para evitar que estuviera de brazos parados mientras su padre mata a toda una sala llena de gente, le ponen a pelear con el más tonto de los pretendientes.
Me molesta especialmente porque la escena, de ser una venganza épica contra los buitres que han esquilmado su país, pasa a ser la de un videojuego. Mira, ahora el enemigo genérico tiene espadas. Mira, ahora tiene hachas. Mira, ahora tiene escudos. Mientras Antínoo grita como un villano común.
A lo largo de toda la película, se hace referencia a los pueblos del mar, los ecos de una invasión por parte un pueblo barbárico que amenaza la existencia de toda la civilización. Se van haciendo veladas referencias a la temida llegada de estos pueblos al Egeo durante toda la cinta, lo que se agrava por la ausencia de Odiseo. Son tiempos caducos, que necesitan a un liderazgo fuerte. De esta manera, el filme se recubre de una sensación crepuscular y pesimista.
Pareciera que, por mucho que las cosas salgan bien, poca salvación queda ya para los aqueos. Es de destacar que los pueblos del mar son presentados como un pueblo incivilizado que no responde a las leyes y costumbres griegas, pero a menudo son los propios griegos los que son confundidos por los pueblos del mar. Ya sean el propio protagonista o su tripulación caen a menudo en algunos de los tabúes de la civilización: no entierra debidamente a los caídos, no obedecen las reglas sobre hospitalidad y en Troya saquearon y cometieron crímenes indecibles, incluso en templos de sus mismos dioses.
Creo que los pueblos del mar son solo una imagen exteriorizada de lo que los propios griegos han hecho en la guerra. De este modo, son confundidos por algunas poblaciones cuando les arrebatan la comida. Aunque debo matizar que los pueblos del mar realmente existieron y su llegada al extremo oriental del Mediterráneo significó el final de muchas de las poderosas civilizaciones que allí se asentaban. En Grecia conllevó el final de la civilización micénica y el inicio de la Edad Oscura, etapa que recibe su nombre por los escasísimos documentos o noticias que nos han llegado sobre ella.
En el final del filme, Odiseo y Penélope (imitando a Bilbo Bolsón, como un amigo me comentó jocosamente) emprenden un viaje hacia el oeste para honrar a los muertos y dejando atrás el decrépito mundo que se acerca a las sombras de la barbarie. No sé si esto es un comentario del propio Nolan sobre la situación actual, de lo que muchos dicen es la decadencia de Occidente. Me da miedo pensar que los pueblos del mar sea una opinión que el director vierte sobre la inmigración y la aparente imposibilidad de los países del primer mundo por acatar el problema. Y es cierto que esta impresión recubre a parte de la sociedad, como de una catástrofe siempre próxima y de cercanía a tiempos oscuros. En una conversación con su madre, Telémaco afirma que han construido buenos edificios y con materiales fuertes y que estos aguantarán cualquier caso. A lo que ella le responde que para qué sirve un edificio fuerte si nadie sabe su significado, si sus salones están abarrotados de avariciosos arribistas; en lo que opino es una consideración sobre la erosión de las instituciones.
Opinión sobre La odisea
Nolan acierta en dar una nota positiva final a la película, consolándose en que las historias de los héroes sí serán recordados; y la cinta acaba con un rap de Travis Scott. El director defendió esta decisión porque los raperos son un paralelo actual de lo hacían los rapsodas en la Antigua Grecia. Igualmente, encomendó a Ludwig Göransson componer la banda sonora con elementos de bronce, y sin la típica orquesta asociada al género, en ese afán que tiene Nolan de parecer serio y formal.
En conclusión, La Odisea es un filme magnífico que me ha cautivado y entretenido a partes iguales. Es una película de Nolan, para bien y para mal. Es una cinta épica con una historia pomposa y autodenominada compleja. Pasa muy de puntillas por el cine de aventuras, pero prefiere detenerse en la evolución del personaje de Odiseo y su entendimiento de la guerra. Por su ambientación fantástica y mitológica, la llamamos cine de acción, pero si fuera un filme que adaptara las vivencias de un soldado en Afganistán sería la película más seria del año.
La aproximación del director británico sobre la mitología siempre es formal y severa, tanto es así que los pasajes más absurdos o quiméricos son sacrificados en favor de esta circunspección. He oído críticas de algunos compañeros que esperaban algo más cercano a Indiana Jones que a un acercamiento más reflexivo sobre una leyenda griega. Pero eso también es estilo Nolan: ya nos lo demostró con Batman, donde las escenas de acción (que las había) palidecían frente a los escenarios espectaculares que el director prepara meticulosamente y los diálogos trascendentales.
Nolan tiene la capacidad de moverse entre géneros con gusto, pero manteniendo ese poso que da una coherencia a su filmografía. Creo que la gente genera unas expectativas inalcanzables y siempre hay que saber qué pedir a una cinta y qué no. A mí me parece un filme de visionado obligatorio con poco que te guste el cine, alcanzable a la mayor parte de los espectadores y que está permitiendo que más gente contacte y se interese con el texto homérico. Claro que se toma muchas libertades, pero ahí está la gracia de una adaptación.
Si quieres profundizar más en otras películas de Nolan, aquí tienes la crítica y explicación de la película Origen. Y si quieres decirnos tu opinión sobre La odisea, no dudes en dejar un comentario.

Historiador y friki. Amante del cine. Sus películas favoritas son «El padrino» y «La naranja mecánica». Le encanta que las películas te dejen pensando.
