Escena de la película Chef.

Chef: la receta de Favreau

Datos de la película

Género: Comedia familiar.

Director: Jon Favreau.

Reparto: Jon Favreau, Sofía Vergara y John Leguizamo. También aparecen Dustin Hoffman, Scarlett Johansson y Robert Downey Jr.

Año: 2014.

 

Puedes ver el tráiler de la película aquí:

 

Sobre el director

Jon Favreau es un director hecho a sí mismo que empezó como actor más bien secundario para luego saltar al mundo de la dirección, con mayor o menor éxito, hasta conseguir su canto de cisne en el género de la acción superheroica. Más tarde vería caer estos logros de taquilla hasta recobrar su buen nombre entre los espectadores con el prestigio de sus últimas producciones que han resultado muy aceptadas y con buena recaudación.

 

Resumen

Esta obra trata sobre Carl Casper, un cocinero popular que llena su restaurante todos los días. La llegada de un crítico a su negocio le llevará a un descenso patético propiciado por su inexperiencia en las redes sociales. El chef tiene un hijo con su exmujer y la relación con este se convierte, poco a poco, en la base sobre la que se sustenta la historia.


Pequeño apunte: no ver esta película con hambre porque aparecen los platos más apetecibles, no obstante, son los más grasientos.


 

Crítica de la película Chef

Alerta spoiler: si no has visto la película, ve a verla y vuelve por aquí para leer la crítica. Si la has visto, ¡cuéntanos qué te ha parecido en los comentarios y si estás de acuerdo!

 

El filme es así casi un resumen, muy acertado, de la propia carrera cinematográfica de su creador. La biografía de un cocinero de orígenes humildes en Miami (Batman Forever, Daredevil y Friends) que obtiene la fama (Iron Man e Iron Man 2) para luego perderla por repetir la fórmula de sus antiguos logros (Cowboys & Aliens). El chef recupera su gloria del pasado en un medio con el que expresar su arte que le es extraño: el food truck (las series como es el caso de El Mandaloriano). Se hace prácticamente evidente el carácter autobiográfico de la obra, pero la sorpresa es que Carl o Jon no ven su vida como el ejercicio de la profesión a la que se dedica, sino que, al revés y sorpresivamente, el protagonista y director hace un autorretrato como padre. 

Es verdad que la película se concentra en gran parte en el mundillo gastronómico; la competitividad y tensión presente en este ámbito tan elitista y dependiente de los rumores que pueden llegar a cerrar a un restaurante. El miedo al crítico lleva al derrumbe de negocios enteros sean estos cierres justificados o no. Sin embargo, la cocina y la pasión que esta conlleva no deja de ser un escenario donde retratar una historia de padre e hijo. La élite culinaria se hace patente en los prejuicios iniciales de Carl sobre su gastroneta como un medio inferior a los altos restaurantes de estrellas Michelín (que no dejan de ser recomendaciones de parada para conductores).

El filme evidencia el alambicado e hipócrita mundo de la mal llamada alta cocina que suele olvidarse de sus tan humildes orígenes y se concentra en la preparación de juegos químicos bonitos pero inútiles. Detrás de estos carísimos experimentos se encuentran un cúmulo de esfuerzo que apenas es valorado como pone en relieve Casper en su rabieta.

El personaje de Favreau realmente no consigue el verdadero éxito, un detalle muy fino del director, hasta que integra a su familia en su entusiasmo y lo desarrolla libremente sin las cadenas que lo anclaban. La relación entre Carl y Percy es compleja, la usual de la época de los divorcios (el montaje de los fines de semana).

Se adapta muy bien a la pantalla la incomprensión entre sendas generaciones y la barrera digital, aunque con cierta superioridad: “Nuestros tiempos fueron mejores porque fueron los nuestros”. Grata interpretación del joven que se muestra cariñoso y tierno lo que es de agradecer debido a la común ineptitud actoral de los niños.

Hay algunas licencias argumentales como la relación intermitente con su exesposa, típica de comedia romántica hollywoodiense. Al principio pareciera una relación madura entre dos personas adultas que se amaron, pero que no podían estar juntos, manteniendo ahora una relación de amistad y cooperación para la crianza de su hijo. Pero no deja de ser otro amor de Hollywood en la que chico se enamora de chica para siempre. Y para siempre quiere decir para siempre. Ya sea que él se haya acostado con su metre o que ella se haya vuelto a casar, todo es un espectáculo de celos porque realmente se quieren y se aman. Para siempre.

Algunos actores dan la sensación de menospreciados con un uso que no va más allá del cameo. Los mejores son los papeles de Dustin Hoffman y Scarlett Johansson, aunque esta última no pasa del paseo de modelaje con vestidos escotados para demostrar el cómo y el porqué de su puesto de trabajo. Hoffman es un señor enfadado que gusta porque el espectador ya sabe quién es y se le tiene cariño.

El peor es indudablemente Robert Downey Junior que, siempre carismático, no se aleja de sus acostumbrados personajes estrafalarios sin sentido. Al menos como Iron Man, el público ya sabe que se trata de un playboy millonario y genio tecnológico. Aquí, literalmente toda su única escena, es un empresario exitoso que se dedica a los negocios como empresario de negocios que es y, como tal, tiene una empresa de negocios donde gana dinero con sus negocios. Es un fanático de la limpieza, aunque no es tan límpido a la hora del coito con una secretaria despampanante, claro (el cliché se huele). Todo lo que envuelve la compra de la furgoneta con esa torpeza que intenta la comicidad y toda la conversación sobre el bastardo es un gasto de tiempo y dinero en lo que debe ser el deseo de Favreau de vender entradas con el nombre del exitoso actor en el cartel. Se añade a la broma anterior del policía pesado que se hace cargante.

Por otra parte, el papel de Leguizamo es de un perro. Una criatura simpática cuya característica principal es la lealtad en su afán vital de ayudar al protagonista. Su vida no tiene sentido si no es trabajar para su amo como fiel escudero hispano con la útil habilidad de hablar español. No tiene sentido, no se siente creíble que una persona abandone su trabajo estable para acompañar a su Don Quijote por amor a la cocina si antes ya cocinaba como su sous-chef y que aparece repentina e inexplicablemente en mitad del relato. Tal vez si lo hubieran puesto en un trabajo ajeno a la gastronomía, tendría más sentido en esta road movie.

 

Conclusión

Personalmente, la película acaba en Nueva Orleans con el triunfo del negocio de la gastroneta con la cocina cubana y con el chaval comiéndose el plato típico de la ciudad. El resto son diez minutos de felicidad plena que no aporta nada y el final se resuelve irrisoriamente con una equivocación de comedia barata en el que todos los personajes quedan como amigos, con una parada en la supuesta no continuación del chico en la cocina que se resuelve en treinta segundos con una llamada de teléfono que ya se sabe desde que se plantea su resolución: ¡Yuju, la boda con la ex! Se pasa de empresaria de festejos a camarera, tal es el poder del amor surgido tras el divorcio.

En resumidas cuentas, se trata de un filme entretenido y recomendable, pero con una trama predecible de personajes predecibles y no muy complejos, mal que sí realiza una buena representación de los problemas de las relaciones actuales paternofiliales con la separación tecnológica, así como el ambiente de élite de la cocina profesional. Muy entretenida y enternecedora.

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